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ARTE

CONVENTO DE SAN ANTONIO

    

     Uno de los monumentos que conforman el patrimonio artístico de la villa de Mondéjar es el convento de San Antonio, de frailes franciscanos y del que hoy solamente quedan las ruinas de su iglesia. de la que podemos observar, la salida del pueblo en dirección norte, la portada y el hastial del testero, cuajados de detalles ornamentales y estructurales que confirman ser éste uno de los más antiguos monumentos de estilo plateresco existentes en España. lo que le valió, ya en 1921, ser declarado Monumento Nacional.

 

     Este conjunto de convento e iglesia fue fundado y mandado construir a finales del siglo XV por don Iñigo López de Mendoza, primer conde de Tendilla, quien en una de sus estancias en Roma, en 1487, a donde fue enviado, como ya hemos visto, por los Reyes Católicos para solucionar las diferencias surgidas entre Fernando de Nápoles y el papo Inocencio VIII, consiguió de éste el Breve y las licencias necesarias para fundar en su recién adquirida villa de Mondéjar un convento de frailes franciscanos. Su fundación es de 1489 y muy poco después se iniciaron los trabajos de construcción del cenobio y de su iglesia, que se concluyó hacia 1508.

 

     El monasterio quedó deshabitado en la desamortización de 1835 y demolido casi por completo (lo que no se había hundido ya) en 1916, paro de él sacar la piedra con que construir la plaza de toros de la villa.

 

 

IGLESIA PARROQUIAL "SANTA MARIA MAGDALENA"

 

     La iglesia Parroquial de Mondéjar “Santa Maria Magdalena” es una magnífica obra arquitectónica, de homogéneo estilo y carácter, realizada en los comienzos del siglo XVI, y por tanto una de las primeras y más tempranas obras del Renacimiento español. Se comenzó a levantar e1 templo en 1516, por expreso deseo y patrocinio de don Luis Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Mondéjar. Se encargó la traza y dirección de la obra a Cristóbal de Adonza, quien la concibió como un fiel trasunto, en cuanto a planta y estructura, de la Capilla Real de Granada. El marqués, alcalde de la fortaleza granadina y capitán general del nuevo reino, buscó en Granada a uno de los mejores arquitectos del momento para que levantara en Mondéjar un grandioso templo parroquial.

 

     La iglesia tiene tres largas naves, de 35 metros de larga cada una, rematadas en elegantes techumbres de complicada tracería, siendo más alta la central que las laterales.

 

     Rezuma todo el conjunto un innegable aire gótico, transmitido por Cristóbal de Adonza a su obra. Pero ha de ser su hijo, Nicolás, quien con nuevos impulsos, ya claramente renacientes, complete el edificio. Así, a él se debe el coro alto a los pies del templo, sobre gran arco escarzado que muestra un par de enormes medallones de San Pedro y San Pablo en las enjutas, y una notable baranda de balaustres. Magnífico ejemplo este coro de Mondéjar, dentro del arte renacentista alcarreño. Al mismo Nicolás de Adonza se deben la sacristía, gran salón cuadrangular con pilastras adosadas y cúpula; las puertas de subida y entrada al coro, con estructura y detalles platerescos; y las dos portadas del exterior: la principal, en el muro norte, da sobre la Plaza Mayor; presenta un vano con arco semicircular, escoltado con cuatro columnas de orden compuesto, y rematado por un frontispicio angular y algunos candeleros. En el centro del frontis aparece una imagen de la Magdalena, de buena talla plateresca, aunque ya muy desgastada. En las enjutas del arco aparecen sendos escudos del matrimonio patrocinador (don Luis Hurtado de Mendoza y doña Catalina de Mendoza). Tras las columnas de esta portada, exentas, aparece todo el muro completamente tapizado, y una riquísima decoración plateresca, que se completa con un cordón franciscano por orla que viene a definir el espíritu reciamente católico de su fundador, miembros de la Venerable Orden Tercera.

           

     Sobre el muro de poniente se abre una portada de también aceptable línea renaciente. Al mismo arquitecto se debe, finalmente, la torre del templo, trabajada en noble piedra sillar, firme y austera, con los relieves magníficos de los escudos heráldicos mendocinos sobre su muro norte. Se terminó hacia 1560. Dentro del templo, y aparte su magnificencia y elegante traza arquitectónica, muy poco más llama la atención del visitante.

    

     Cuajada estaba la iglesia de obras de arte hasta 1936. Era, sin duda, el punto capital del arte alcarreño. El vendaval de la Guerra Civil de 1936-39 asoló casi todo cuanto contenía el templo. Sobre el muro de la nave del evangelio, se ve, bastante maltratado por golpes y repintes, el basamento del enterramiento de Marcos Díaz de Mondéjar, canónigo de Toledo y obispo electo de Sigüenza, que murió en 1473; presenta profusa decoración gótica de cardinas y tallos retorcidos, con los escudos familiares del sujeto. Muy destrozado y hoy tabicado, debe quedar algo de la estatua yaciente y calvario que la coronaba. Era uno de los mejores enterramientos góticos en la provincia. En la nave de la epístola se abren algunas capillas, del siglo XVI en sus finales, que muestran detalles aislados y algunas laudas sepulcrales con leyendas y escudos.

           

    

     En la sacristía se conserva todavía un regular acopio de obras de arte, escueta muestra de lo mucho que tuvo la parroquia, la mayor parte donadas por sus señores, los riquísimos marqueses de Mondéjar.

 

 

     En el capítulo de la orfebrería, cabe destacar su cruz procesional, de plata sobredorada, obra del platero complutense Juan Francisco, hacia 1550. En el centro de su anverso, talla de Cristo crucificado enmarcado con redonda placa venerada, muy característica del autor; y en su reverso una escena de Descendimiento que asombra por su minuciosidad y delicadeza. En los extremos de los brazos se ven pequeños nichos, decorados prolijamente al modo gótico, con algunos santos en su interior. Y recubriendo toda la superficie de la cruz, un exuberante acopio de grutescos, monstruos, flores y cartelas del más puro estilo plateresco hispano. El pie tiene dos pisos, mostrando en pequeños nichos los doce apóstoles. Aparte de las navetas, incensarios, cubiertas de misal, bandejas, portapaces, cajas, etc., que en este tesoro se conservan, es pieza de indudable mérito, dentro del estilo barroco.

 

 

 

 

 

     La Custodia que en 1667 construyó el platero madrileño Damián Zurreño, quien cobró  por ella 28.405 reales. Su parte central, cuajada de piedras preciosas, representa un sol, escoltado por dos angelillos de cuerpo entero, portando un incensario cada uno. La base se compone de dos bichas enfrentadas, y el pie lo constituyen cuatro angelillos. Otras piezas del museo constituido en esta sacristía son una buena colección de prendas litúrgicas, entre las que destacan el terno del Ave María, de seda y brocado, blanco, con escudos de la familia Mendoza y el terno rico o de los apóstoles, que consta de casulla, capa y dos dalmáticas, de brocado y seda rojos con multitud de grandes medallones bordados representando apóstoles, mártires, padres de la Iglesia, y uno hermosísimo, en la capa, con la imagen de Santa María Magdalena. Es el mejor ejemplo del arte del bordado de la provincia. También existe un buen archivo parroquial.

 

 

 

 

 

     Y, finalmente, debe citarse, una de las partes más importantes, uno de los elementos artísticos que esta parroquia encerraba hasta 1936.

 

 

     

 

 

 

 

     Su grandioso retablo mayor, obra soberbia del estilo plateresco, construido entre 1555 y 1560, en el que intervinieron Alonso de Covarrubias, que dio la traza y el pormenor arquitectónico; Nicolás de Vergara y Juan Bautista Vázquez, que corrieron con la parte escultórica, mientras que la pintura estuvo a cargo de Juan Correa de Vivar. Todo ello realizado en Granada. Rematado con los escudos de los marqueses de Mondéjar. En su parte central inferior, había un magnífico sagrario realizado en el siglo XVIII por Juan de Breda. Otros varios retablos de la misma época; una capilla totalmente decorada con azulejería talaverana del XVII; y un órgano de increíble calidad, finura y ornamentación barroca, obra documentado, en el siglo XVIII, de Manuel Caballero.

 

 

 

 

 

 

 

 

ERMITA DE SAN SEBASTIÁN

           

     Por bien asfaltado y cuidado camino, pasando cerca de las ruinas del ya comentado convento de San Antonio, se llega a la ermita de San Sebastián, situada en un otero desde el que se divisa el pueblo todo, la teoría ondulante de sus tejados presididos por el recto grito de la torre parroquial. Esta emita se sabe que fue construida a principios del siglo XVI a costa también del primer marqués de Mondéjar. Posteriormente ha ido sufriendo reformas y ampliaciones y, por supuesto, lo que hoy se contempla en ella es obra de centurias más recientes.

 

 

 

JUDIOS DE MONDEJAR

 

     El interés artístico de esta ermita radicó en la amplia cripta que posee. semisubterránea, en la cabecera del templo, indudablemente construida cuando en el siglo XVI se levantó el edificio por vez primera. Consta ya en 1580 la existencia de los “Pasos”, que representan la Pasión de Cristo y que popularmente se han venido denominando los judíos, que hoy constituyen una de las principales atracciones de Mondéjar. Ya en 1719 precisaron de uno reforma meticulosa, por su deterioro y fue encargado de ella el fraile Jerónimo de Lupiana fray Franciscano de San Pedro, costeando el arreglo de don Alonso López Soldado. Siglos después, en la guerra civil españolo de 1936-1939, volvieron a sufrir importantes daños, pero a partir del verano de 1973, gracias a la generosa aportación económica de todos los vecinos, con la colaboración de la Cofradía del Santo Cristo fueron totalmente restaurados y en torno a ellos montado un espectáculo de luz y sonido que copta la atención y la emoción del visitante.

 

     Consta este conjunto de los Judíos de Mondéjar de diyersos pasos o escenas de la Pasión de Cristo: El Lavatorio de pies, La Ultima cena, La Oración en el huerto, El Camino del Colvario, La Crucifixión, El Sepulcro, La Resurrección, etc. 

    

     Todo ello está construido con yeso, a un tamaño algo mayor del natural, pintado con vivos colores que prestan al conjunto un aspecto sorprendente, inusual e inolvidable.

 

 

CASTILLO

           

     Antiguas crónicas y relaciones aseguran que el castillo de Mondéjar era de los mejores de toda Castilla. Parece difícil hoy día seguir manteniendo esta aseveración al comprobar que no queda absolutamente ni rastro del tal edificio. Sin embargo, ello es cierto y el conde de Tendilla mantuvo en él una resistencia notable al ataque de Pedro de Castilla. Los Reyes Católicos, como hemos visto, mandaron derribarlo, al igual que hicieron con otros muchos alcázares de su reino, en evitación de alzamientos de la nobleza. En el siglo XIX y según nos refiere el DICCIONARIO DE MADOZ, todavía se veían restos de dicho castillo.

 

 

RESTO DE LAS MURALLAS

 

     Lo que sí quedan visibles en Mondéjar son los restos de sus antiguas murallas que envolvían a la población, confiriéndola fuerza y respetabilidad. De ellas, que eran grandes y fuertes, sólo quedan hoy algunos maltrechos fragmentos, un par de cubos y la traza de una puerta de entrado a la villa por el sur. En cualquier caso, testimonio relevante de su poderío en antiguos siglos.

 

     Distribuidas por sus calles aún se ven numeroso ejemplos de antiguos palacios y nobles casonas. Son la imagen fiel de lo que Mondéjar era en siglos pasados. Algunos otros ejemplos puede encontrar el viajero en su paseo reposado por las calles del pueblo.